• 77
  • 007-faust-theredlist007-faust-theredlist
  • 11
  • 55
  • 22

LA LEYENDA DE FAUSTO EN PRAGA

Todos los que hayan pasado por la plaza Karlovo habrán podido observar una bonita edificación situada al sur. En ese mismo lugar durante el siglo XIV residían los príncipes de Opava y, aunque hoy en día el edificio no es el mismo, es conocido como ‘la Casa de Fausto’. Esta casa siempre se ha visto envuelta en varias leyendas y la historia cuenta que el mismísimo Johann Faust la habitó durante un tiempo.

Durante toda la historia se han observado dificultades para diferenciar cuentos y realidad, en el caso de Fausto no es diferente. Fausto es uno de los personajes más famosos de las leyendas alemanas. Tratos con el diablo, magia negra, alquimia, medicina,… todo se mezcla en esta conocida historia. Sin embargo Fausto no es un personaje cualquiera, ya que existió realmente. Su nombre era Johann Georg Faust. Aparentemente nacido en Knittlingen, actual Alemania, en el siglo XV. Se desconoce dónde falleció, pero varias historias ubican el final de su vida en Praga.
Faust fue astrólogo, alquimista, adivino, mago, sanador y algunos dicen que seguidor de la magia negra. Dedicó su vida a vagar de un sitio a otro hasta que, según la leyenda, terminó en Praga. Durante el siglo XV había un lugar llamado ‘Na skalce’ donde hoy en día se sitúa la plaza Karlovo. Allí construyeron la que hoy se llama ‘la Casa de Fausto’ y perteneció durante un tiempo a los príncipes de Opava. Hasta el año 1724 cambió frecuentemente de dueños y finalmente la familia de Mladota de Solopysky la compró. Aparentemente Josef Mladota de Solopysky era muy aficionado la química, física y a la alquimia. Seguramente ese fue el inicio de la leyenda y el origen del nombre, pero el cuento dice otra cosa.

007-faust-theredlist

Durante la pertenencia a los príncipes de Opava Johann Faust vivió en esa casa. Dedicaba su tiempo a realizar experimentos químicos, alquimia y a la magia. Como estaba rodeado de libros sobre brujería un día decidió invocar al Demonio. Para que su conocimiento fuese infinito y adquiriera unos poderes aún mayores hizo un pacto con él y le cedió su alma. Lo que él no sabía era que el Demonio había venido para llevárselo. Tiempo después el Demonio regresó y se lo llevó por un gigantesco agujero en el techo. No se volvió a saber nada más de Faust. Durante los siguientes años varios dueños nuevos se hicieron con la casa, pero no permanecían mucho tiempo con ella. Intentaron tapar varias veces el agujero con ladrillos, pero a la mañana siguiente siempre se encontraban los ladrillos en el suelo y un extraño olor a fuego y azufre. También dicen que por las noches aparecía el fantasma de Faust por los pasillos. Nadie quería vivir en esas condiciones, así que la casa permaneció intacta hasta que un forastero rico decidió comprarla. Los vecinos no tardaron en darse cuenta de que el nuevo inquilino se asemejaba bastante a Faust. Por las noches veían brillos y explosiones dentro de la casa y por eso se temieron lo peor. Aun así el nuevo dueño no tenía ninguna mala intención y en cuanto se enteró de que los vecinos estaban asustados decidió actuar. Primero contrató a un albañil para que tapara el agujero en el techo. El albañil, que conocía perfectamente la historia, se negó varias veces a hacerlo. El nuevo dueño al ver que no iba a conseguir nada cogió un libro de la librería de Faust, lo leyó y dijo “ahora podrás estar seguro, tapa el agujero” y así fue. El agujero permaneció cerrado y no se volvió a abrir. Al escuchar las buenas noticias los vecinos se tranquilizaron y un día decidieron ir a ver en qué consistía su trabajo. El dueño hizo un número de magia y enseñó varios de los artilugios que había construido.

La gente quedó encantada y poco a poco su fama se fue acrecentando por Praga. Altos cargos y la gente más glamurosa y adinerada se citaba en “Na skalce”. Un día cuando el dueño se encontraba preparando la función recibió una visita de una mujer completamente vestida de negro. La mujer, a la que solo se le veían los ojos, dijo que había venido desde muy lejos solo para ver su función. El dueño, muy nervioso, citó a la mujer esa misma noche en su casa para que presenciara el espectáculo. Y así fue, aquella noche la mujer vestida de negro se encontraba sentada en primera fila. Algo nervioso completó varios trucos y en un descanso preguntó a su sirviente por la mujer vestida de negro. “No hay ninguna mujer vestida de negro, señor”, contestó. “Es imposible que no la hayas visto, está en el centro en primera fila”, dijo el dueño. “Lo siento señor, pero en primera fila en el centro solo hay un asiento libre”. El dueño comenzó a temblar al escuchar aquellas palabras, pero decidió continuar la función. Sobra decir que fue un desastre, ya que se encontraba tan nervioso que no le salía nada bien. En cierto momento se le cayó la varita y fue a parar justo delante de la mujer de negro. Ésta la cogió y dijo “¿eso es todo? ¿No puedes hacerlo mejor?” y levantándose retiró su velo. El mago se quedó mudo al ver que la mujer de negro no era otro que él mismo. “¿Qué te parece esto?”, dijo el fantasma y todo el público se transformó en esqueletos que comenzaron a aplaudir al instante. El dueño se desmayó y durante varios días se debatió entre la vida y la muerte por altas fiebres. Finalmente se salvó, pero cuando despertó decidió vender todos sus artilugios y se marchó para no volver jamás.

2

Una última historia acompaña a ‘la Casa de Fausto’. Un frío día de otoño un estudiante buscó refugio en la casa, que se encontraba abandonada, y en su interior encontró un ducado de plata. Al día siguiente otro, al siguiente otro y así consecutivamente. Cuando su vida se estabilizó y pudo comer regularmente bien e incluso invitar a sus amigos a su casa decidió que la plata no era suficiente. Por eso cogió un viejo libro que se encontraba en la casa e intentó convertir el ducado de plata en oro. Días más tarde sus amigos al ver que no aparecía decidieron ir a buscarle a su habitación, pero no estaba allí. La habitación se encontraba destrozada, como si ahí dentro hubiese sucedido una gran pelea, y en el techo había aparecido un gran agujero. El olor a azufre y fuego era más que notable.

La Casa de Fausto puede encontrarse en el número 40 de la plaza Karlovo, pero actualmente pertenece a la facultad de medicina, por lo que no puede visitarse por dentro.

Deja un comentario