Entrevista a Vladimir Eisenbruk embajador de la República Checa en Perú

Vladimir Eisenbruk embajador y padre de familia, afronta un trabajo que requiere de su adaptación y la de su familia al país de destino. Ahora, establecido en Perú, disfruta de una vida cómoda y adaptada, pero pronto le tocará cambiar de ciudad y volver a la fase de adaptación. Lo conocemos más con las preguntas que le hacemos a continuación.

fiesta nacional

-En su primera visita a Perú hace 13 años ¿Cuál fue su primera sensación?

Bueno, en aquel entonces me parecía un país vibrante, lleno de posibilidades, en evidente crecimiento. Comparando con la situación actual, Lima me pareció una ciudad gris y un poco apática, apesar de muchísimos buses, camiones y coches, vendedores ambulantes y por lo general mucha gente en las calles. Lo que persiste hasta hoy en día es el tráfico caótico, en las horas punta es un hecho insoportable. Pero el aspecto de Lima ya es diferente, el boom de construcción y negocios es notable, se trata de una verdadera metrópoli.

-¿Piensa quedarse mucho más tiempo en Perú?

En ese aspecto no depende tanto de mi decisión. Lo que pasa es que los diplomáticos sirven normalmente en un país cuatro aňos. En mi caso, yo ya cumplí los cuatro aňos en enero 2015 entonces me toca regresar ya a la República Checa este verano.

-¿Cuáles son las diferencias más predominantes entre ambas culturas; la checa y la peruana?

Hay gente que dice que los checos son los más latinos de toda Europa. No creo que todos esten de acuerdo, pero la verdad es que compartimos varias características. Por ejemplo sentido del humor, aunque el checo a veces es demasiado cínico o negro, espontaneidad y creatividad, nos gusta compartir y divertirnos. Los peruanos hacen fiestas de todo tipo, todo sirve como un buen pretexto para reunir familiares, colegas, amigos mientras que los checos son un poco más reservados y prefieren reunirse en los pubs (hospoda). Los peruanos no aguantan tanta cerveza como los checos (por algo somos número uno en consumo per capita) pero las fiestas terminan por la madrugada. La gente en el Perú muchas veces come en las calles lo que no es tan común en nuestro país. Hasta parece que la gente pasa sus días comiendo. Donde si hay bastante diferencia es el tema de colas – checos por lo general las detestan, peruanos entran solo por curiosidad. Si hay cola, la cosa debe ser buena – esa lógica no la compartimos.

-¿Qué aceptación tuvo en su familia la cultura y estilo de vida de Perú?

Nuestra casa se convirtió en un museo de pintura (de las tres regiones, costa, selva y sierra) y cerámica peruana, no faltan famosos retablos y típicos objetos de plata. En Perú todavía se consiguen obras de gran valor artístico por precios accesibles. El problema es que en Praga no hay paredes suficientes para colgar todas nuestras pinturas, pero eso ya es otro tema. Nos encantó la cultura peruana hasta tal punto que organizamos en la residencia exposición de arte de alabastro de Ayacucho. Los mismos peruanos nos felicitaron por divulgar bellas obras poco conocidas en el país. Por lo general, la familia es bastante peruanizada, creo que a los chicos les va a costar acostumbrarse a otro ritmo de vida en Praga pero este trabajo es así, permanente cambio no solo de domicilio, pero de estilo de vida, de propia cultura.

-¿Qué proyección de futuro tiene ahora que su etapa en Perú está finalizando?

Desde que empecé a trabajar como diplomático en Brasil han pasado 20 años. Creo que es bueno ser experto en algo en lo que quería seguir trabajando, es decir trabajar con la temática latino/americana en todos sus aspectos. Pero primero hay que regresar y poner orden en casa. Después de largos años fuera no va a ser fácil, es un reto, pero ya tenemos ganas de enfrentarlo.

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